Me estaba poniendo nerviosa, recordar cosas que no iba a contar de mis Navidades, no ayudaban nada. No quería hablarles a los de mi clase de eso, se acercarían a mí por interés. Pero cuando la profesora dijo mi nombre, sonó el timbre. Uff menos mal, salvada por la campana. En el intercambio (ya sabeis, el tiempo en el que se va un profesor y viene otro), me volví a juntar con mi mejor amiga:
-Bueno, ¿de qué ibas a hablar tú de las Navidades? -Me preguntó Carolina.
- Emm, pues no sé. La verdad es que no lo había decidido. Menos mal que sonó la campana. - Respondí.
- Jajajaja. ¿Sabes que me alegro de verte verdad? Te he echado mucho de menos. Tengo que contarte millones de cosas y... -Me confesó suspirando- y no todas son buenas.
- Pues ya sabes Carol, aquí para todo. ¿Lo sabes veerdad?
- Sí, gracias. -Rió tristemente.
En poco rato llegó el siguiente profesor. En esa clase teníamos que rellenar un test con bastantes preguntas, la verdad. Parecían psicológicas o algo así. Me pregunté por qué lo harían.
Estaba rellenando el test cuando oí a alguien gemir a mi lado. Era Carol. No sé por qué pero estaba llorando. Entonces recordé: " Tengo que contarte millones de cosas, y la mayoría no son buenas." "Oh no" Pensé. "Algo gordo ha sido".
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