Mi hermana, me abrió uno de sus armarios y sacó una jaula. En ella pude ver como un conejo se transformaba en hamster continuamente, o sea, lo mismo que hacía mi gato-perro.
- ¡Ala, Ana! ¿Eso lo descubriste tú en mi curso?- Pregunté, sorprendida.
-Sí, Elena. Estaba mareada, y fui a la sala de profesores a que me dieran una manzanilla. Cuando el profesor que había se fue a preparar la manzanilla, oí que algo, en una esquina del suelo, se movía. Me acerqué y lo encontré. Por entonces, este conejo-hamster era un bebé, seguramente igual que tu gato.
- ¡UUUAU! ¡Qué chulo! ¿Por eso es por lo que no dejas a mamá que limpie tu cuarto? Jajaja.
- Já-já muy graciosa. Ahora venga, enséñame tu mascota.
-¡¿Mas-cota?! En serio, ¿piensas que me voy a quedar con esa... esa cosa en mi habitación?
- ¡Pues claro! Yo lo hice con el conejo este, que por cierto, le he llamado Rabister, de Rabbit en inglés y de hamster. Bueno el caso es que tienes que quedártelo.
- Ya pero es que resulta que un conejo lo puedes meter en el armario, pero un gato, va a ser que no. Tiene que comer, y librarse de sus deshechos. No puedo, si lo quieres tú...
- Anda, calla y enséñamelo. Ahora veremos que hacemos...
Fui a mi habitación con Ana detrás, claro. Allí estaba el gato negro apoyado en la cama acurrucadito. Se desperezó y comenzó a metaformosearse.
- ¡Qué guay! Es chulísimo, me encanta. Mola más que mi conejo. Ah, se me olvidaba: he averiguado que cuando te cogen confianza se relajan y casi no se transforman. A si que si le cuidas bien, podría ser un gato normal y corriente. La única pega es que no lo sacases a la calle, que ahí no tiene confianza con nadie.
Al rato, Ana se fue y me quedé sola con el gato. Era tan mono... Entonces lo decidí: me quedaría con el gato. Después llamé a Carol y le dije que me iba a quedar con él; que mi hermana tenía un conejo;y le conté también todas las cosas que me explicó Ana sobre estos animales raros.
Colgamos el teléfono y me llamó One Direction. Hablamos sobre lo del concierto, y me dijeron que ese día podían perfectamente tocar en el pueblo. ¡Genial! Ya habíamos resuelto lo de Celia.
Se hizo de noche, y en la cama me quedé pensando en los animales que se transformaban. ¿De dónde venían? Entonces recordé que un alumno de bachillerato podía enseñarle a un alumno de la ESO el laboratorio. A si que pensé en que podía decirle a Ana que me llevase.
Giré la cabeza para ver a mi gato, y decidir el nombre que le pondría, pero... ¡No estaba por ningún lado! La puerta estaba cerrada a si que no se me ocurría por donde se habría escapado. Entonces un viento frío me rozó el pelo: la ventana. ¡Estaba abierta! Oh no...
Dedicado a Lucía Sánchez :)
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