- Ya sé que nombre ponerte, como eres hembra, te voy a poner Missirebel. Sí, porque eres una gatita mala. Eres una rebelde. -Dije, riéndome de mí misma al ver que hablaba con un gato.
Llegó el día siguiente, me levanté y fui a la habitación de Ana ha despertarla, como todos los días.
- Ana- susurré- Despierta, que ya es la hora.
- Mmm... Déjame un ratito más.
- No Ana, no. Sabes que no puede ser... levanta que tengo que preguntarte algo.
- Ya voy pesada...- Dijo mientras se ponía en pie- Bueno, dime, ¿qué quieres?
- Verás, yo me preguntaba si me llevarías a tu laboratorio, y así investigamos las dos. A ver de dónde vienen estos bichejos tan monos.
- Vale, pero venga, vete ya que me voy a vestir.
- Vale, gracias.
Llegamos al colegio y no sé que me pasó que me perdí. Me fui por un pasillo desconocido y acabé en un laboratorio. Sí, había llegado yo solita al laboratorio extraño. Empecé a examinar todo cuanto había. Yo lo veía muy normal, sinceramente. Lo raro es que estaba en, digamos, el sótano. No había ventanas ni tampoco otra puerta que llevase a ningún lado. ¿Por qué dirían que llevaba a la sala de profesores? ¿Desde dónde? ¡No había más puertas ahí abajo! Seguía caminando por la habitación y examinando, hasta que tropecé con algo. Me levanté y el caso es que había un trozo de suelo levantado. Retiré la alfombra vieja y deshilachada que cubría ese trecho de suelo y me di cuenta de que había una especie de trampilla, la levanté y me metí dentro. Estaba oscuro, era como un pequeño túnel, a si que saqué el móvil e iluminé el camino. Llegué a una zona donde el techo se veía iluminado. Empujé con la mano esa parte del techo, y una nueva trampilla se abrió. Miré un poco la zona que había tras la trampilla para asegurarme de que no había ningún profesor y salí. Extrañamente, aparecí en la habitación donde había encontrado al gato. De repente oí unos tacones que se dirigían hacia mí. "Oh no, parece que la profesora esa tiene un detector de Elena. Siempre que estoy por aquí, aparece." Pensé. Era la profesora que me pilló la última vez en la misma sala, lo sabía porque los tacones sonaban igual y se dirigían hacia mi a la misma velocidad. No se me ocurrió nada más que esconderme detrás del armario que había en la sala, en un rincón.
- ¿Hola? ¿Hay alguien ahí? ¿Hola? Más vale que no haya nadie... Hum... - Dijo la señora, y acto seguido salió y se marchó.
"Uff, por los pelos." Pensé.
Me asomé por la puerta y observé si había alguien en alguna parte del camino que tenía que recorrer para salir de la sala de profesores. No, no había nadie. Salí de la habitación. Estaba a punto de llegar a la última puerta cuando oí tras otra que estaba entreabierta a la misma profesora pesada de siempre.
- Aaii mi chiquitinaa, ay... ¿Dónde está la tigresa más bonita del mundo? ¿Eh? ¿Dónde? Aquí aquí... Ay mi cachiquitipurri... -Decía la profesora.
Yo me quedé con cara de: esta mujer está loca. Y salí pitando de allí... Pero no antes de asomarme por la puerta y verla ahí con una tigresa que... ¡SE METAMORFOSEABA EN LEONA!
Vale no, esto ya no es raro, esto ya es de locos. Esto no es solo una casualidad, y estos animales existen por algo. No lo entiendo, ¿para qué quieren a estos animales? Corrí a mi clase, y obviamente, llegué tarde... Eso no era bueno, llamarían a mi casa para saber el problema. Me metí en el baño y llamé a mi padre por teléfono:
- Sí, dígame.- Dijo mi padre.
- ¡Papá! Llego tarde a clase porque me he perdido por el colegio. Curioso sí pero me he ido por otro lado en vez de por donde voy siempre. El caso es que te van a llamar y quiero que sepas que ha sido por eso. A si que cuando te llamen invéntate algo, que teníamos médico. Por favor... que si no me van a castigar por irme por otro camino.
- Está bien, hija. Pero que sea la última vez. ¿Vale?
- ¡Claro!- Afirmé y muy contenta entré en clase.
- Hola Elena. Llegas tarde, ¿por qué?- Preguntó mi tutor.
- Estaba en el médico, lo siento. Llame a mi familia para asegurarse si quiere.-Sonreí.
- Sí, ahora mismo voy no te preocupes. Siéntate, por favor.- Respondió.
Me puse a hacer los ejercicios que me indicó el profesor. Minutos más tarde apareció por la puerta. No tenía buena cara.
- He llamado a tu madre y me ha dicho que te han dejado en el colegio a la misma hora de todos los días. No es posible que hayas podido ir al médico. Cuéntame ahora mismo dónde has estado.
- ¡He estado en el médico! Mi padre no le ha podido decir eso.- Callé, pero luego me fijé en que mi profesor había mencionado madre y no padre.- Espere, ¿ha dicho madre?
- Correcto. He llamado a su madre.
Guay. Me había metido en un lío tremendo...
Dedicado a Begoña López e Irene Arellano. (L)
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